Mireya Machí Martínez

Etapa española

Nací en Alginet, Valencia, el 19 de Junio de 1977 y por un poema del Magistrado Greus que sugirió mi abuelo, fui la primera Mireya de mi pueblo, solo Mireya, en bautismo católico.  De apellidos Machí, con acento en la í, como un estornudo, deformación del catalán “Magí” (lo aclaro porque no hay chileno que guste de quitarme el acento y convertirme en mujer medicina mapuche); y Martínez, según su etimología medieval, hija de Martín, aunque mi padre se llama Francisco y mi madre Ángela. Él es hoy un saludable ciclista y ajedrecista de 78 años. Ella fue una mujer carismática, expansiva y emprendedora que dejó este plano en 2011, fruto de un cáncer de colon que consumió su cuerpo en ocho meses. Igual tuvo tiempo para darnos ejemplo de vida y bien-morir, con ese relajado “lo de morirse no es para tanto” que me dijo a tres meses de fallecer, transmutando para siempre mi perspectiva dramática de este tránsito. El hecho de que después se le apareciese a una vecina muy creíble para darle el recado de decirme que “donde estoy, estoy muy bien”, me terminó de convencer que, si bien la vida es un regalo para vivirlo intensamente, aquí no termina este cuento. Tengo dos hermanos, Francisco, un año mayor y Rubén, un año menor, quienes a duras penas y con fraternal resignación, encajan el imprevisible devenir de esta hermana de sangre (Continúa en el libro)

Etapa chilena

Decidí partir a Chile dispuesta a trabajar en lo que fuera, enviando mi curriculum incluso a una fábrica de jamón serrano, ¡yo, la vegetariana!. Pero Manuel Lizana, mi primer amigo chileno, me invitó a enfocarme en mi perfil como experta en violencia de pareja para desarrollar proyectos relacionados con este fenómeno por medio de la Asociación Betania de sacerdotes casados, a la que él pertenecía. Había conocido a Manuel en mi pueblo, alrededor del año 1995, cuando él era estudiante de espiritualidad en Roma y en verano venía a mi parroquia para ayudar como vicario, como hicieron otros curas latinoamericanos durante varios años. Él fue uno de aquellos con los que mantuve un contacto transoceánico intermitente. También lo fue Fredy Subiabre de Punta Arenas y por ambos, pude conocer parte de Chile en 2005 como turista, visitando incluso las emblemáticas Torres del Paine.  Pero fue en el temido 2012, año en que nuestro sistema solar entraba en el lado luminoso de la galaxia, cuando tomé la decisión. Hacía un año que falleció mi madre, yo había terminado una relación de cuatro años que no cuajó, la empresa familiar renqueaba por la crisis económica del 2008 y mi conciencia experimentaba un remesón significativo. (Continúa en el libro)


El viaje a Perú en Abril de 2017

Este libro incorpora un anexo un viaje a Perú que hice sola, a dedo y con poco dinero, llevando a la práctica mi certeza teórica de que es fuera de tu zona de confort donde sucede la magia. Este relato termina con un poema inspirado por este viaje, titulado "Si Perú despierta", que aquí les comparto.