Saliendo de la zona de confort

Donde sucede la magia es el lugar donde una se encuentra cada vez que sale de su zona de seguridades artificiales, de sus costumbres limitantes, de sus miedos infundados, de sus "por si acasos" inviables. Pero ahora es también el título de mi primera antología total que, siendo coherentes con semejante título, debía ser ilustrada, pero no por uno, sino por los dieciséis artistas que se ofrecieron para este proyecto y que fueron capaces de hacer verdadera magia con una sola tinta. Esta web es un indicio de lo que se van a encontrar cuando tengan el libro en sus manos.

 

Te invito a conocer más sobre la zona de confort, según la psicología y diversas fuentes, en este apartado de la web. 


¿Poesía o terapia?

Hay poesía que sana y poesía que enferma. Así es la palabra, tal es su poder. Para mí la poesía siempre fue una terapia. En mi etapa española escribía una media de un poema al año, pues recurría a esta "medicina" sólo cuando me encontraba mal, afortunada de mí, que me ocurría con esa anecdótica frecuencia. A menudo era por sensaciones de soledad, de ser incomprendida, de rebeldía, de rabia o de ansiedad. Y el poder convertir eso en una bella composición rítmica y musical, resultaba muy reconfortante. Esta transmutación energética de las emociones que logra la poesía, alcanzó en mí su máxima expresión en Chile, pues aquí descubrí que podía escribir también desde emociones de alegría y plenitud, pero entonces, lo que mi exigencia y nueva conciencia me invitaba era a utilizar las palabras para movilizar emociones que presumía estancadas en mí. Y de nuevo, resultaban terapéuticas. Pero no solo para mí. Todavía me sorprende recordar cuántas catarsis he contemplado frente a mí tras leer alguno de los poemas motivados por este desafío. 

¿Amor o desamor?

En esto no voy a ser original. La temática más universal en las letras líricas es también mi temática más recurrente. Si bien abordo asuntos muy variados, estimulada principalmente por los encuentros de Verso Vivo, donde proponemos distintas temáticas sobre las que escribir nuestro poema para el siguiente encuentro, el amor y el desamor son medulares en mi inspiración. Precisamente, presumo, por ser el amor mi asignatura pendiente en esta encarnación  hasta el momento. No porque no ame, sino porque amo a todos y a todo. Pero también porque amo cada vez más al ser que me habita, un ser cuya sustancia divina (como la de todos uds) le hace merecedor del amor más grande. Así pues, mi anhelo por experimentar fragmentos de ese amor y mi propio deseo carnal, me aproximan a relaciones estimuladoras de harta poesía terapéutica. Todas las relaciones y las poesías, con sus luces y sombras, forman parte de mi crecimiento personal y confío, de mi aproximación a una experiencia cada vez más plena del amor. 

La música en la poesía

Mi poesía, le pese a quien le pese, es musical. El ritmo y la rima son para mí los vehículos capaces de llevar las palabras al corazón del lector. Sin ellos, mi experiencia resulta demasiado mental y, por tanto, fugaz e indiferente. El tambor representa el latido del corazón de la madre en el oído del bebé cuando es tan sólo un feto, por eso, cuando lo escuchamos en el contexto de algún ritual o ceremonia, pero también en alguna canción, consigue emocionarnos tanto. Es por ello que invoco al ritmo en mi poesía, porque busco esa conexión esencial con la madre interna, la madre de sangre, la madre espiritual y la madre Tierra... Si bien, mi poesía no lo pretende, el ritmo del tambor tiene la propiedad de poder inducir a regocijantes estados de trance, trasladándonos a ese cálido y seguro vientre materno. La poesía popular de transmisión oral también utilizaba la rima y el ritmo para facilitar la memorización del texto, por medio de esta asociación emotiva. ¿Por qué voy a renunciar, pues, a un recurso que bebe de esa tradición y que facilita una impresión del poema más emotiva y permanente en la mente y el corazón del lector?